Con apenas dos años de vida, esta pequeña niña fue enviada desde Líbano, un país en guerra, a Ecuador, una isla de paz, con nada más que miedo en su corazón y un cesto de manzanas en su mano. Su más antigua memoria no guarda la imagen de su madre, sino la sensación de una mano cálida y la mirada dulce de una azafata de KLM. Con ella cruzó el óceano, sin saber a donde ni por qué.